Si el Tribunal Supremo no lo impide, Israel va a emprender la senda que conduce a la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya. La aprobación en la Knesset de la ley que legaliza medio centenar de asentamientos judíos no autorizados en terrenos privados palestinos en Cisjordania supone la expropiación de bienes de personas que no están representadas en el Parlamento y que viven segregadas del Estado hebreo. Con la llamada regularización de los outpost (colonias no autorizadas), Israel se encamina hacia una anexión de hecho de territorios ocupados, en rumbo de colisión contra la Cuarta Convención de Ginebra: el derecho de guerra que ampara a la población civil bajo ocupación militar.
Esto es lo que sostienen el fiscal general israelí —que se abstendrá de representar al Gobierno ante el Supremo cuando el precepto legal sea impugnado— y el líder de la oposición, el laborista Isaac Herzog —“La ley pone en marcha el tren que lleva a La Haya”, alegó en el debate parlamentario, “donde aguardan acusaciones internacionales contra altos cargos, oficiales y soldados”—. Eso mismo razonaba Benjamín Netanyahu en diciembre cuando intentaba frenar el proyecto legal de Hogar Judío para compensar a sus bases de colonos ante el desalojo judicial del outpost de Amona. Pero el partido ultranacionalista amenazó con defenestrarle del Gobierno.
“Israel ha cruzado una marcada línea roja”, advertía este martes el representante de Naciones Unidas para el proceso de paz en Oriente Próximo, Nickolay Mladenov. “Esta es la primera vez que la Knesset legisla sobre territorio ocupado palestino”. Medio siglo después de la Guerra de los Seis Días, tan solo la agregación de Jerusalén Este, refrendada en 1980 por los diputados israelíes, había afectado hasta ahora a algunas poblaciones cisjordanas absorbidas en el término de la Ciudad Santa. “La ley abre la vía a la anexión de Cisjordania y socava sustancialmente la solución de los dos Estados”, alertaba el enviado de la ONU.
Desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos no ha dejado de crecer en la extrema derecha nacionalista el coro de voces que pide la incorporación a Israel de la llamada Área C, territorio bajo control exclusivo del Ejército hebreo según los Acuerdos de Oslo, que representa un 60% de Cisjordania. Tras la llegada del mandatario republicano a la Casa Blanca, Israel ha anunciado la construcción de más de 6.000 viviendas en asentamientos.
El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, reclamó en París ayuda para frenar en los tribunales internacionales una ley que calificó de “agresión al pueblo palestino”. Francia, Reino Unido y Alemania, así como Turquía y Jordania, se hicieron eco de su queja, mientras EE UU volvía a guardar silencio ante el nuevo impulso colonizador.
“Esta ley muestra el manifiesto desacato de Israel al derecho internacional”, concluía la ONG Human Rights Watch. Solo han pasado ocho semanas desde que el Consejo de Seguridad reafirmara por 14 votos a favor y con la abstención de EE UU que los asentamientos israelíes en territorio palestino carecen de toda validez legal.
Líder autoritario o tirano sin más para media humanidad, leyenda revolucionaria y azote del imperialismo yanqui para los más desposeídos y la izquierda militante, Fidel Castro era el último superviviente de la Guerra Fría y seguramente el actor político del siglo XX que más titulares acaparó a lo largo de sus 47 años de mando absoluto en Cuba.
Estrenó su poder caudillista el 1 de enero de 1959 tras derrocar a tiro limpio al régimen de Batista. Ni siquiera en el ocaso de su existencia, después de que una enfermedad lo apartó del Gobierno en 2006, desapareció su influencia en una isla que siempre se le quedó pequeña, pues Castro la concebía como una pieza de ajedrez en la gran partida de la revolución universal, su verdadero objetivo en la vida.
Castro tenía 90 años al fallecer. Su hermano, el presidente Raúl Castro, anunció su muerte en un mensaje de televisión. “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las diez y 29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz”, ha dicho emocionado el mandatario. “En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de mañana sábado 26. […] ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!”.
Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni es noticia.
La biografía de Fidel Alejandro Castro Ruz comienza el 13 de agosto de 1926 en el pequeño poblado de Birán, cerca de Holguín, antigua provincia cubana de Oriente. Fue el tercero de los siete hijos tenidos fuera del matrimonio por Ángel Castro, un rudo hacendado gallego llegado a Cuba como soldado de reemplazo al final de la guerra de independencia, y la cubana Lina Ruz, que entró a trabajar como criada en la finca familiar.
Hasta que Ángel se divorció de su primera esposa y se casó con Lina, a principios de los años cuarenta, no dio a los niños el apellido, razón por la cual hasta bien entrada la adolescencia Fidel cargó con el estigma de ser hijo bastardo. Desde luego, ello no impidió que pronto destacara como un estudiante brillante en los internados de jesuitas por donde pasó, primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana, formación que se incrustó en el núcleo duro de su carácter.
En 1945 entró a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, donde el ambiente de efervescencia política y pistolones le llevaron a sumarse a rocambolescas aventuras revolucionarias como el intento de expedición armada para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en 1947. Un año después, siendo ya un prominente líder estudiantil, participó en la revuelta del Bogotazo tras el asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán —fue su primera experiencia de insurrección popular—, y ese mismo año de 1948 contrajo matrimonio con Mirta Díaz-Balart, una atractiva estudiante de Filosofía perteneciente a una familia adinerada, con la que tuvo su primer hijo, Fidelito.
Según el periodista norteamericano Tad Szulc, autor de una rigurosa biografía sobre Castro, desde su juventud Fidel creyó que había “líderes destinados a desempeñar papeles cruciales en la vida de los hombres, y que él era uno de ellos”. Esa convicción, unida a su intuición política y gran poder de convencimiento, así como a su temeridad y capacidad de “convertir los reveses en victorias”, le hicieron destacar en un momento muy especial de la historia de Cuba, cuando la corrupción general y el descrédito del Gobierno de Carlos Prío Socarrás eran terreno fértil para la lucha política.
Entrada en política
Fidel Castro, en su primera visita a ONU en 1960, junto a Nikita Kruschev. AP
Tras graduarse de abogado en 1950 y abrir un pequeño bufete, entró en política con el Partido Ortodoxo, que lo designó candidato al Congreso en las elecciones que debían realizarse en junio de 1952. Sin embargo, el 10 de marzo de ese año la historia de Fidel Castro y la de Cuba cambiaron para siempre con el golpe de Estado que encabezó el sargento Fulgencio Batista.
Rotas sus relaciones con la ortodoxia por considerar débil su reacción al golpe, Castro concibió una acción armada que debía provocar una insurrección popular: fue el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. La operación acabó en fracaso y se saldó con la muerte de 67 de los 135 integrantes del comando revolucionario, la mayoría asesinados después de los combates. Los rebeldes fueron juzgados en un proceso muy sonado en el que Castro asumió su propia defensa, el célebre alegato conocido como La historia me absolverá, donde expuso su programa político y revolucionario que incluía entre sus demandas la restauración de la constitución de 1940.
Fidel fue condenado a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, pero los moncadistas fueron amnistiados en 1955 y Castro partió hacia el exilio. En México, donde conoció al Che Guevara, preparó el desembarco del yateGranma, que se produjo el 2 de diciembre de 1956 en la playa de las Coloradas, en la costa oriental de Cuba, acción que marcó el inicio de dos años de lucha guerrillera en la Sierra Maestra y que finalmente condujo a la derrota del Ejército de Batista y la huida del dictador en la madrugada del 1 de enero de 1959.
Ningún historiador puede asegurar que Castro era marxista cuando peleaba en las montañas de Sierra Maestra. No hay un solo documento que lo pruebe. Sin embargo, sí lo hay de que su enfrentamiento con Estados Unidos viene de temprano. En la carta que envió el 5 de junio de 1958 a su colaboradora Celia Sánchez, después de que aviones de Batista bombardearan con proyectiles norteamericanos el bohío de un campesino, le dice: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”. Para muchos analistas esta famosa carta es clave para comprender la psicología y el modo de actuar de Castro.
Fidel bajó de la montaña envuelto en la bandera de José Martí y convertido en un ídolo popular que encarnaba los valores de la justicia social en una nación empobrecida por la dictadura. Los intelectuales de todo el mundo, con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir a la cabeza, saludaron su victoria y aquella magia duró algunos años pese a que la revolución se radicalizó pronto.
Fidel Castro y Salvador Allende, en Chile en 1971. AP
Un líder revolucionario
En aquel momento Castro gozaba de un inmenso apoyo popular y su imagen era la de un genuino líder revolucionario: joven, atrevido y lleno de frescura, nada que ver con los grises dirigentes de los países comunistas de Europa del Este, instalados en el poder por obra y gracia de los tanques soviéticos y por ello simples marionetas del Kremlin.
En fecha tan temprana como el 17 de mayo de 1959, Castro puso en marcha la primera ley de reforma agraria, que supuso la expropiación de los grandes latifundios azucareros, muchos de ellos norteamericanos, a lo que siguieron una serie de medidas de corte social.
Los colegios religiosos fueron nacionalizados, se hizo una campaña nacional contra el analfabetismo y tanto la educación como la salud pasaron a ser universales y gratuitas. Ya en junio Castro abandonó la promesa de celebrar elecciones libres en 18 meses (“primero la revolución, luego las elecciones”, dijo) y emprendió un drástico reordenamiento de las instituciones, mientras los fusilamientos de los primeros tiempos de la revolución eran criticados en el exterior.
Los desencuentros iniciales con EE UU se convirtieron enseguida en agrias tensiones y muy pronto la espiral de medidas y contramedidas se hizo indetenible. Washington adoptó las primeras restricciones del embargo económico y en mayo de 1960 Castro reanudó las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, interrumpidas por Batista en 1952.
No hay consenso sobre si fue el líder de la revolución con su apuesta por la vía socialista quien arrastró a EE UU al enfrentamiento, o si fue la Casa Blanca con su intolerancia a las medidas revolucionarias la responsable de que Castro se arrojase a los brazos protectores de Moscú y una ideología que no era bandera original de la revolución. De cualquier modo, desde el principio el diferendo con EE UU se instaló en el centro de la política nacional, y si bien es cierto que esta circunstancia condicionó un Gobierno cubano con síndrome de plaza sitiada, también lo es que sirvió a Castro de justificación para todo.
Durante medio siglo Fidel gobernó la isla a golpe de discursos y utilizó masivamente la televisión para lograr el respaldo popular, un tesoro político que administró con la misma habilidad con que se deshizo de sus enemigos en el momento más conveniente y con que se sirvió de sus aliados para montar un sistema político a su medida, en el que el Ejército y el Partido Comunista fueron los pilares de su poder.
Uno de sus buenos amigos, el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez, escribió de él una vez que “su devoción por la palabra” era “casi mágica”. “Tres horas son para él un buen promedio de una conversación ordinaria. Y de tres horas en tres horas, los días se le pasan como soplos”, señaló Gabo. La aparente desmesura de la descripción no es tal, ni mucho menos. Cualquier político extranjero que lo haya tratado puede atestiguarlo, y no digamos los millones cubanos de cualquier edad que han debido dedicar miles o decenas de miles de horas de su vida a escuchar las alocuciones y arengas del comandante.
Siempre al frente de Cuba y arropado por un grupo de históricos de confianza, durante medio siglo fue protagonista de todos los grandes acontecimientos del país y de no pocos hechos con repercusión internacional. En la primavera de 1961, Fidel en persona dirigió las operaciones militares para derrotar la invasión de Bahía de Cochinos, una aventura organizada y financiada por la CIA en tiempos de Eisenhower y heredada por John Kennedy, que el líder comunista aprovechó para hacer lo que hasta ese momento no se había atrevido: declarar el carácter socialista de la revolución y unir todavía más a los cubanos en torno a su figura.
Un año más tarde, con solo 36 años de edad, Castro fue protagonista principal de la crisis de los misiles, cuando en nombre de la hermandad socialista Cuba se convirtió en un sembrado de cohetes soviéticos y el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.
De un modo u otro, sus manos y su cabeza estuvieron en todo: el apoyo de las guerrillas y movimientos insurgentes en África y América Latina; la aventura fracasada del Che Guevara en Bolivia, que fue precedida por la incursión del revolucionario cubano-argentino en el Congo; la zafra azucarera de los 10 millones, en los años setenta, una más de sus estrategias económicas voluntaristas diseñada para ser la salvación productiva del país y cuyo fracaso estrepitoso le obligó a entregarse definitivamente a la Unión Soviética y tragar con el lodazal burocrático del socialismo real para sobreponerse al colapso.
También Fidel Castro fue responsable último de la llegada del quinquenio gris a la cultura cubana y la introducción de un sinnúmero de instituciones acartonadas calcadas de la URSS; del éxodo del Mariel, que lanzó al exilio a 125.000 cubanos en unos pocos meses de 1980, una huida vergonzante que escandalizó al mundo y dividió aún más a las familias cubanas; el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y de otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior acusados de narcotráfico, la fractura interna más grave ocurrida hasta entonces dentro de la revolución.
Otros hitos fueron la guerra de Angola, por donde pasaron más de 300.000 soldados cubanos en 15 años; el triunfo de la revolución sandinista en 1979, apadrinada por el líder cubano en los campos de entrenamiento cubanos y en las casas de protocolo de La Habana; el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate; la crisis de los balseros o la resistencia legendaria del comandante a la política de embargo económico estadounidense, una justificación perfecta para casi todo.
En los años noventa, a la debacle provocada por la desaparición del campo socialista el líder comunista sobrevivió enrocándose numantinamente, fue cuando proclamó su consigna de “Socialismo o muerte”. Obligado en los años noventa a iniciar una tímida reforma económica que implicó la legalización del dólar y la apertura de ciertos espacios a la iniciativa privada, Castro se dio cuenta de inmediato de que lo que por un lado era la salvación del régimen por otro carcomía la viga maestra de la revolución. El dólar rompió el país en dos y marcó un antes y un después en la Cuba de Fidel Castro, que desde 1959 había tenido el igualitarismo como su piedra filosofal.
Entre 1989 y 1993 el mundo se vino abajo para el socialismo cubano. La isla perdió de un plumazo el 90% de sus suministros y el 35% de su Producto Interno Bruto, y aunque el pragmatismo de Castro le llevó a aceptar una serie de reformas, en el fondo las aborrecía y ocurrió lo que suele pasar cuando alguien hace algo que no desea. Solo así se explican las contradicciones delirantes de algunas de las medidas que se adoptaron entonces para oxigenar la economía, como la autorización del trabajo por cuenta propia.
Partiendo de la base de que para Fidel Castro el dinero era pecado y que, según su teoría, quien lo gana en abundancia obtiene unos márgenes de independencia nada conveniente para el sistema, la lista de profesiones autorizadas para ejercer el trabajo autónomo era de espanto: “forrador de botones”, “limpiador de bujías”, “elaborador de natillas de vainilla” (si eran de chocolate ya era delito), “carretonero” o “aguador”, entre otros oficios más propios del siglo XIX. En el caso de los graduados universitarios, la norma que se adoptó también tenía una lógica singular: solo podían ejercer el cuentapropismo si se empleaban en una especialidad distinta de la que se formaron.
Pese a todas las restricciones y despropósitos, la iniciativa privada fue abriéndose espacio y el número de trabajadores por cuenta propia creció sin pausa, hasta que superado lo peor de la crisis Castro dio un puñetazo sobre la mesa y él mismo cercenó el proceso de cambios que había respaldado años antes. Así, el siglo XXI entró en Cuba unido al regreso al más estricto centralismo estatal en lo económico y en lo político.
Ya en 2003, no le tembló el pulso para enviar a la cárcel a 75 disidentes con sanciones de entre seis y 28 años de cárcel pese a la unánime condena internacional, mientras la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela fue para él un balón de oxígeno —el intercambio de petróleo por servicios de salud fue el pilar de las cuentas cubanas en la pasada década— además de un reverdecer de sus viejos sueños de extender la revolución por el continente. La temprana muerte del líder bolivariano fue para él y para su hermano Raúl Castro un duro golpe.
Tras la grave enfermedad intestinal que casi le cuesta la vida y le sacó del ejercicio del poder el 31 de julio de 2006, Raúl Castro se hizo cargo de la presidencia del Gobierno y luego del liderazgo del Partido Comunista. Se inició entonces un proceso de reformas aperturistas muy controlado, así como un desmontaje silencioso del sistema paternalista y de gratuidades sociales creado por Fidel. Desde entonces el líder comunista se mantuvo en un segundo plano, escribiendo artículos sobre diversos temas y clamando contra EE UU y el capitalismo desde su retiro dorado.
En enero de 2015, el Gobierno cubano publicó una carta de Fidel Castro en la que, sin demostrar entusiasmo, este respaldaba el deshielo con EE UU emprendido por su hermano Raúl y anunciado en diciembre de 2014, pero alertando sobre hipotéticas deslealtades de Washington durante el proceso hacia la normalización de relaciones diplomáticas. “No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”, señalaba en un escrito calculadamente ambiguo, dirigido a una federación estudiantil, que difundió el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Dictador calavera para muchos, último revolucionario del siglo XX para sus admiradores en el Tercer Mundo, desde hacía tiempo Castro no participaba en las decisiones de gobierno, aunque por su carácter de símbolo hasta el último hilo de vida influyó en el rumbo político del régimen cubano y marcó la línea roja que no debía cruzarse. Ahora ya no existe. Y esta vez sí es de verdad.
05 de julio, 2016 — La ONU condenó enérgicamente la demolición de viviendas palestinas por parte del ejército israelí y repudió la decisión del gobierno de esa potencia ocupante de continuar expandiendo los asentamientos de sus colonos en los territorios palestinos ocupados.
El Secretario General, Ban Ki-moon, criticó la decisión divulgada este lunes por el gobierno de Israel de construir 560 nuevas casas en Cisjordania y 240 en Jerusalén Oriental.
“Esto suscita dudas legítimas sobre las intenciones de Israel a largo plazo, que incluyen las declaraciones de algunos ministros pidiendo la anexión de Cisjordania”, apuntó Ban en un comunicado.
El titular de la ONU reiteró que los asentamientos son ilegales según las leyes internacionales y urgió a Israel a detener y revertir esa política en aras de la paz y del avance de la solución de dos Estados.
Asimismo, lamentó que el anuncio se produjera apenas cuatro días después de que el Cuarteto de Paz para Medio Oriente llamara a Israel a cesar la construcción de asentamientos.
Por su parte, la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) confirmó que las autoridades israelíes demolieron la madrugada del lunes dos casas palestinas en el campamento de Qalandia, en Cisjordania.
El portavoz de UNRWA, Chris Gunnes, recordó que este tipo de castigos colectivos viola el derecho internacional.
“Genera sufrimiento a quienes no son responsables del delito que se pretende sancionar con la demolición y coloca en riesgo a los vecinos”, apuntó.
Asimismo, Gunnes enfatizó la obligación de Israel de proteger y proveer servicios a la población de los territorios que ocupa.
El lanzamiento de misiles estadounidenses contra posiciones del Ejército sirio de Bachar el Asad ha sido recibido este viernes por Rusia —aliado de Damasco— como una “agresión a un Estado soberano” y ha hecho que el Kremlin amenace con terminar la cooperación militar que mantiene con EE UU para derrocar al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). La Casa Blanca ha intervenido por sorpresa esta madrugada en represalia por el ataque químico que el pasado martes acabó con la vida de 86 personas en la ciudad siria Jan Sheijun.
Las reacciones de la comunidad internacional han sido dispares; desde el apoyo de Alemania, Francia, Reino Unido y Australia, a la prudencia de China, que pide a Washington que evite un “nuevo deterioro de la situación”.
OTAN. La Alianza Atlántica ha respaldado el ataque ordenado por EE UU y ha culpado al régimen de Bachar el Asad de que ocurriera. “El régimen sirio es el responsable absoluto de esta novedad. La OTAN ha condenado el uso continuado de armas químicas por parte de Siria como una clara violación de las normas internacionales. Cualquier uso es inaceptable y no puede quedar sin respuesta”, ha justificado el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, en un comunicado.
FRANCIA Y ALEMANIA. Francia y Alemania consideran a El Asad el “único responsable” del bombardeo estadounidense en Siria. En un comunicado conjunto, el presidente de Francia, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, han afirmado que “el uso continuado de armas químicas y de crímenes masivos” que perpetra el régimen de Damasco “no puede quedar impune” y han instado a la comunidad internacional a “unirse a favor de una transición política en Siria” de acuerdo con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del comunicado de Ginebra. De acuerdo con el Elíseo, Washington advirtió tanto a París como a Berlín del ataque antes de que este comenzara.
ARABIA SAUDÍ. El principal aliado de EE UU en Oriente Próximo ha encabezado el apoyo al ataque, y las redes sociales se han convertido en una cámara de aplausos bajo la etiqueta en árabe #América_golpea_régime_Bachar. Para Riad, se trata de la “respuesta al uso de armas químicas por parte del régimen sirio contra civiles inocentes” y la responsabilidad última está en “el dictador Bachar el Asad”, según ha expresado un responsable de Exteriores citado por la agencia estatal SPA. Las monarquías de la península arábiga llevaban varios años pidiendo la intervención de Washington y fue uno de los motivos de su distanciamiento de la Administración Obama.
US strikes show needed resolve against barbaric chemical attacks. EU will work with the US to end brutality in Syria.
TURQUÍA. Turquía ha dado la bienvenida al ataque estadounidense a la base aérea de Sharyat como respuesta al reciente ataque químico en la localidad de Jan Sheijún. Además, la oficina del presidente de la República, Recep Tayyip Erdogan, así como el Gobierno, han pedido que las medidas contra el régimen de Bachar el Asad vayan más allá. “Es necesario establecer una zona de exclusión aérea y crear zonas seguras en Siria (para acoger a la población desplazada)”, afirmó el portavoz presidencial turco, Ibrahim Kalin, quien consideró la destrucción de la base de Sharyan “un importante paso para asegurar que ataques químicos y convencionales contra la población civil no queden sin castigo”.
IRÁN. “[Con el ataque] solo se fortalece a los terroristas”. Junto con Rusia el principal sostén del régimen de El Asad ha expresado una “firme condena a este tipo de ataques unilaterales”, según un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores citado por la agencia ISNA. ”Estas medidas solo sirven para fortalecer a los terroristas [los insurgentes] y para complicar la situación en Siria y en la región”. Irán secunda la versión del régimen sirio de que todos los grupos armados que lo combaten son “terroristas”, sin hacer distinción entre “rebeldes” y “yihadistas”. Desde el inicio de la revuelta contra Bachar el Asad, la República Islámica ha prestado apoyo militar y financiero al que siempre ha sido principal aliado árabe. No sólo ha enviado a oficiales de la Guardia Revolucionaria como asesores sino que incluso ha coordinado la formación de milicias de voluntarios chiíes, procedentes de Afganistán, Irak y Líbano, para luchar codo con codo con las fuerzas sirias.
UNIÓN EUROPEA. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha mostrado un sorprendente apoyo de toda la Unión Europea a la estrategia de Donald Trump. “Los ataques de Estados Unidos muestran una determinación necesaria contra los bárbaros ataques químicos. La UE trabajará con EE UU para acabar la brutalidad en Siria”, ha asegurado en Twitter.
La afirmación contradice la postura que ha mantenido el club comunitario desde el principio de la guerra siria: la UE no será un actor militar en esta contienda porque la solución debe ser política (aunque algunos de sus países sí colaboran activamente en la coalición internacional contra el ISIS). La alta representante para la política exterior europea, Federica Mogherini, ha respondido a la acción de Trump con un comunicado menos entusiasta que el de Tusk. Enmarca el ataque estadounidense en la “comprensible intención de evitar que se extienda el uso de las mortíferas armas químicas”, pero añade: “La UE cree firmemente que no puede haber solución militar al conflicto”. Más cercano a la línea del presidente del Consejo, el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha declarado: “El uso de armas químicas debe tener respuesta”. Juncker insta a “redoblar esfuerzos para frenar la espiral de violencia en Siria“, ha afirmado en un comunicado.
CHINA. Pekín ha reaccionado con moderación al bombardeo, ocurrido mientras Trump recibía al presidente Xi Jinping en su club privado de Mar-a-Lago, en Florida. Funcionarios estadounidenses han asegurado que Trump informó a su homólogo chino sobre la acción, aunque no precisaron el momento exacto ni en qué términos se lo comunicó. Aunque es habitual que China se oponga o se abstenga en las resoluciones de condena al régimen de Bachar al Asad por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, en su rueda de prensa diaria, el Ministerio de Exteriores chino se limitó a lanzar un mensaje de cautela. La portavoz Hua Chunying pidió “evitar un nuevo deterioro de la situación” y condenó “el uso de armas químicas por parte de cualquier país, organización o individuo, con independencia de las circunstancias y el objetivo”.
En sus conversaciones, este jueves y viernes, Trump y Xi tenían previsto abordar, como uno de sus asuntos principales, el programa de armamento de Corea del Norte. El presidente estadounidense quiere que China aumente la presión sobre el régimen de Kim Jong-un para que lo abandone, y amenaza con actuar, de lo contrario, de manera unilateral contra Pyongyang. El momento en que se ha producido el ataque contra Siria hace pensar que se trata también de un mensaje contra Corea del Norte.
SUECIA. A pesar de que el país, miembro no permanente del Consejo de Seguridad, condene el ataque químico en Siria, su Gobierno ahora despierta “dudas” sobre si el ataque de EE UU tiene la suficiente base jurídica. “Es importante que los actos tengan una base jurídica. El bombardeo genera dudas sobre si es compatible con el derecho internacional. La cuestión debe por eso regresar al Consejo de Seguridad de la ONU, que tiene que tomar la responsabilidad para una solución política duradera”, señaló la ministra de Asuntos Exteriores sueca, Margot Wallström, en declaraciones a la agencia TT.
Con información de; Juan Carlos Sanz (Jerusalén), Sandro Pozzi (Nueva York), Ángeles Espinosa (Dubái). Lucía Abellán (Bruselas), Andrés Mourenza (Estambul) y Silvia Ayuso (París).
El Ejército israelí abate a tiros a 55 manifestantes palestinos que se dirigían hacia la frontera
Gaza ha vivido este lunes la jornada más sangrienta desde que se inició la ola de protestas masivas el pasado 30 de marzo. Marcada por el lanzamiento de piedras y de neumáticos ardiendo, la marcha de decenas de miles de palestinos en el límite de la Franja con Israel contra el traslado de la Embajada de EE UU a Jerusalén se ha cobrado la vida de al menos 55 manifestantes y ha causado más de un millar de heridos por disparos de los soldados, según informan fuentes sanitarias del enclave costero. El balance de víctimas en un solo día no tiene precedentes desde la guerra de 2014 en Gaza. Un portavoz castrense aseguró que, pese a las advertencias lanzadas por el Ejército, cerca de 40.000 palestinos participaron en los disturbios en más de una docena de puntos de la valla de separación y arrojaron bombas incendiarias y artefactos explosivos. La frontera ha sido declarada zona militar cerrada.
El enclave costero mediterráneo quedó ensangrentado en medio de una huelga general que clausuró los comercios y centros oficiales y educativos. Los hospitales, que atendían en tiendas de campaña situadas en los aparcamientos, se vieron desbordados y solicitaron ayuda a las autoridades de Egipto. El traslado de la Embajada de EE UU ha coincidido con el 70º aniversario de la creación del Estado hebreo, según el calendario gregoriano. La fecha también señalaba la víspera del Día de la Nakba (desastre en árabe), en el que los palestinos recuerdan siete décadas de exilio y de pérdida de territorios tras el nacimiento de Israel.
Durante las últimas siete semanas, la llamada Gran Marcha del Retorno ha suscitado masivas manifestaciones en el límite de la franja de Gaza con Israel, que se han saldado hasta ahora con más de de un centenar de muertos y unos 10.000 heridos de bala.
El Ejército había advertido a la población gazatí, mediante octavillas escritas en árabe lanzadas desde aviones, de que no se acercara a la valla de separación. Unidades de combate, fuerzas especiales, servicios de inteligencia y francotiradores fueron enviados a la frontera hasta duplicar el despliegue militar existente. Sus reglas de enfrentamiento definen que solo pueden utilizar munición real contra quienes pretendan traspasar la valla, y en caso contrario deben recurrir a medios antidisturbios, como gases lacrimógenos y balas recubiertas de goma.
Las Fuerzas Armadas tuvieron que recurrir a la aviación de combate para destruir “estructuras de Hamás”, el movimiento islamista que gobierna de hecho en la Franja, cerca de la frontera del norte de Gaza. En total fueron atacados siete objetivos de la organización desde donde se habían producido disparos contra las tropas, según el departamento de información militar. Hamás anunció al caer la tarde que las protestas iban a redoblarse el martes en el Día de la Nakba “hasta conseguir los objetivos” de la Gran Marcha del Retorno, que persigue el regreso a sus lugares de origen en el actual Estado de Israel de los refugiados y sus descendientes que tuvieron que abandonar sus casas en 1948.
La apertura oficial de la embajada norteamericana en Israel, trasladada desde Tel Aviv por una decisión de la Casa Blanca que ha roto el consenso internacional, se desarrolló a primera hora de la tarde en Jerusalén mientras proseguían las protestas en Gaza. La delegación estadounidense que acudió al acto estuvo integrada por Ivanka Trump, asesora e hija del presidente Donald Trump; su esposo, Jared Kushner, consejero presidencial que ha viajado a Oriente Próximo, el secretario de Tesoro, Steve Mnuchin, y el subsecretario de Estado, John Sullivan.
“Es un gran día para la paz”, dijo el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu durante la apertura, que acudió al protocolario y simbólico acto junto con el presidente del Estado de Israel, Reuven Rivlin. “Presidente Trump, al reconocer la historia, ha hecho historia. Todos nosotros estamos profundamente conmovidos y agradecidos”, aseguró el jefe de Gobierno, incidiendo en que Israel “no puede tener un mejor amigo en el mundo” que Estados Unidos.”Mientras celebramos esta ceremonia, nuestros soldados protegen nuestras fronteras”, concluyó en alusión a la situación en Gaza. “Hamás quiere destruir Israel y nosotros tenemos derecho a defendernos”, enfatizó poco después, “citado por el diario Haaretz.
Trump, a su vez, envió un mensaje grabado en vídeo en el que proclamó que “Israel es una nación soberana con derecho a determinar su propia capital”. El mandatario aseguró que EE UU está comprometido con la paz en Oriente Próximo y en respetar el statu quo de los santos lugares de Jerusalén. Junto a las banderas israelíes, centenares de enseñas estadounidenses ondean en las calles de Jerusalén al lado de carteles gigantes que rezan: “Trump hace grande a Israel de nuevo”.
La Embajada de Estados Unidos abre sus puertas de forma provisional en una oficina consular ya existente en un distrito periférico del sur de la ciudad. La policía israelí, que había desplegado un millar de agentes, cerró el paso en la zona los grupos de manifestantes israelíes y palestinos que protestaban contra el traslado. La legación se ubica en plena Línea Verde, la tierra de nadie o zona tapón que separó la parte occidental —donde Israel instaló su capital tras su nacimiento, hace hoy 70 años— de la zona Este —entonces con mayoría de población palestina y bajo administración jordana—, que incluye la Ciudad Vieja y los santos lugares de las tres religiones monoteístas.
El primer ministro palestino, Rami Hamdala, condenó el traslado la Embajada de EE UU en la víspera de la Nakba. “La Nakba representa una serie de tragedias colectivas que se plasmó en la destrucción de al menos 418 poblaciones y el desplazamiento forzoso del 70% de nuestro pueblo”, aseguró Hamdala en un comunicado oficial citado por Efe.
El secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, afirmó que el traslado de la legación diplomática desde Tel Aviv supone “un infame acto hostil contra el derecho internacional y contra el pueblo de Palestina, que coloca a Estados Unidos del lado de la potencia ocupante, Israel”.
La protesta contra la decisión de Trump apenas tuvo incidencia en Jerusalén y no pasó de ser simbólica en los puestos de control de Cisjordania con despliegue de fuerzas militares israelíes. Los palestinos reclama un Estado propio en Gaza y Cisjordania con capital en Jerusalén Este. El Departamento de Estado norteamericano insiste en que el traslado de la sede de la Embajada no prejuzga los límites definitivos de la ciudad de Jerusalén entre ambas partes tras un acuerdo final de paz. Los israelíes consideran que la Casa Blanca ha reconocido la realidad con su declaración, en tanto que los palestinos afirman que EE UU ha perdido su papel de mediador neutral.
Además de la ONU y la Unión Europea, Francia y Reino Unido llamaron a la contención en la frontera de Gaza, mientras los países árabes eran convocados a una reunión de urgencia.
Akiva Eldar, el veterano y prestigioso analista del Medio Oriente, fue quien mejor describió el intento del nuevo Presidente de Estados Unidos de resolver el histórico conflicto palestino-israelí (Al Monitor, 30 de mayo de 2017). Así lo reseñó recientemente: “El presidente Donald Trump otorgó máxima prioridad en su agenda a la solución de ese conflicto. Eligió el Medio Oriente como el primer objetivo de un viaje transoceánico y se apresuró a nombrar a un enviado personal a la región. Trump apostó todo su carisma presidencial frente a todo el mundo en un valor bursátil especulativo. Un papel accionario que, durante años, condujo a fiascos a todo quien se acerca a él. Más importante aún es resaltar que Trump invirtió mucho de su enorme autoestima. El nuevo presidente estadounidense, aparentemente, no cree que un judío, que su Estado tiene una superficie mucho menor que Nueva Jersey, y un musulmán, que ni siquiera tiene un Estado independiente, tengan la osadía de decirle no a Donald Trump. En última instancia ambos le juraron que quieren la paz. Si es así, que se sienten juntos, cada uno expondrá sus posiciones, éste cederá un poco y el otro se moverá al costado otro tanto. Si es necesario, su emisario Jason Greenblatt dará un empujón, y así se cerrará el negocio”.
El axioma que este conflicto, como otros tantos, se puede resolver por medio de negociaciones directas de las partes, inclusive con participación y apoyo activo de un mediador de preponderancia internacional como el gobierno estadounidense, se convirtió en una hipótesis falsa desde hace tiempo. Nos llevaría una hoja entera enumerar todos aquellos intentos, presidentes y personalidades de Estados Unidos, Europa y el mundo que fracasaron y se dieron la cabeza contra la pared cuando procuraron lanzar renovadas negociaciones bilaterales para resolver este conflicto.
Por supuesto, el más reciente y conocido es Barack Obama, que no supo prestar atención a la inteligente sugerencia de Brent Scowcroft y Zbigniew Brzezinski. Ya en 2008, antes de asumir su primera cadencia, estos dos experimentados funcionarios y conocidos expertos en la región le propusieron no conformarse con reanudar las negociaciones directas entre las partes (Washington Post, 21 de noviembre de 2008). En su opinión sería mucho más productivo presentar un marco del acuerdo final que, en sus aspectos más cruciales, confirme la creación de un Estado palestino viable e independiente, y en contraposición, garantice de forma convincente la seguridad de Israel. En otras palabras, formalizar en una presentación las condiciones plausibles que permitan materializar esa consigna conocida como “dos Estados para dos pueblos” que goza de un masivo apoyo internacional y es, en opinión de una gran mayoría de expertos de gran calibre, la única solución posible, ecuánime y duradera.
Ciertos medios informan que Trump ya se prepara en ese sentido. El periodista Barak Ravid difundió que el gobierno estadounidense se dedica a la preparación de un documento que fija los principios de la solución en los puntos centrales del conflicto (Haaretz, 1 de junio de 2017).
Vice News
De ser cierto significaría un gran avance, aunque de acuerdo a ciertas experiencias de predecesores, la función de mediador, aun con una propuesta sensata y razonable, no es suficiente. Bajo las condiciones del Medio Oriente, la solución definitiva del conflicto demanda de quien tome la iniciativa del caso, asumir la múltiple función de mediador-árbitro, con reconocidos sentidos de equidad, asertividad e intrepidez acompañados de un significativo poder de disuasión. Sin lugar a dudas, quien tiene a su cargo la función de presidir el gobierno estadounidense dispone de los elementos básicos que le confieren un alto poder de disuasión. El interrogante es si se tiene la determinación para sopesar equitativa, asertiva e intrépidamente sus proposiciones e imponerlas con base en su capacidad de persuasión o intimidación a palestinos e israelíes.
Si se logra superar este escollo, la visión táctica de presentación del proyecto a las partes es, tal vez, uno de los puntos más críticos. Tanto el liderazgo palestino como el israelí acumularon una larga experiencia en sabotear planes de paz. La propuesta de hoja de ruta que se detalla a continuación es un intento de sobreponerse a todos esos posibles y nefastos proyectos de desbaratar los planes de los mediadores.
Justamente para este caso es que el enfoque comercial que Trump otorga a toda negociación nos aporta la salida más efectiva. También la búsqueda del fin de esta disputa debería basarse en el principio básico del nuevo presidente estadounidense: “nada se regala, todo se canjea”. Al menos para Benjamin Netanyahu se trata de una fórmula conocida. Como se recordará, en su campaña proselitista de 1999 envió un mensaje a los palestinos con la consigna: “si dan recibirán, si no dan no recibirán”.
La instauración de un Estado independiente y viable no será un regalo en estuche de oro con cintas de color que los palestinos recibirán apoltronados en cómodos sillones levantinos con una odalisca bailando alrededor. Tendrán mucho que ceder en sus exigencias, especialmente en todo lo que respecta a materializar su soberanía en aspectos que de alguna manera se vinculan con garantizar la seguridad de Israel.
Por la misma razón, el posible acuerdo seguramente hará realidad el largo sueño israelí de ver el traspaso de la mayoría de embajadas extranjeras de Tel Aviv a Jerusalén. Eso sí, seguramente se establecerán en la parte occidental de donde podrán observar las banderas de sus mismos países ondear en representaciones diplomáticas de la capital palestina en edificios de Jerusalén Oriental.
Tal vez el principio básico que nada se obsequia y todo se paga con concesiones juegue un papel crítico en la respuesta que la autoridad palestina y el gobierno de Israel tendrán que enviar al mediador-árbitro frente a su propuesta. Solo se aceptaría un “No” o “Sí”. El “No, pero” sería “No” definitivo. El “Sí, pero” sería considerado “Sí”, aunque los “peros” serían tratados con posterioridad por el mediador quien fijaría su relevancia y, en caso positivo, el precio que debería pagar la parte beneficiada.
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El aspecto más importante de esta hoja de ruta se centra en la actitud del gobierno estadounidense ante una respuesta negativa. En ese caso la Casa Blanca se tendría que comprometer a culpar públicamente a la parte opositora, y a la vez asumir la responsabilidad de dejar sin efecto todo acuerdo que comprometa su ayuda económica y defensa de intereses en organismos internacionales. Sería totalmente inadmisible la continuidad de apoyo económico internacional o brindar respaldo diplomático incondicional a la parte que entorpezca el acuerdo de paz a la par que continúa financiando sectores vinculados al terror o coloniza tierras en disputa.
La falta de adopción de este último elemento propuesto en la hoja de ruta necesariamente beneficia a la parte más fuerte del conflicto, Israel. Si los términos de la toma de una posición no se fijan muy clara y tajantemente de principio, veremos nuevamente como ese virtuoso de la política internacional que se llama Netanyahu, con la ayuda de ciertas instituciones judías y billonarios judíos de ese país, es capaz de dar vueltas una y otra vez al orden institucional de Estados Unidos para movilizar al Congreso y al Senado de Washington a favor de Israel y, si es necesario, también en contra del presidente legítimo de ese país.
Bajo estas circunstancias, o en el caso de que Trump renuncie a la intención de reanudar las conversaciones de paz entre las partes, el resultado previsto no será ninguna sorpresa: el servilismo estadounidense a favor de Israel continuará en su esplendor, billones de dólares cruzarán el océano en dirección a Jerusalén, la Cancillería estadounidense se preocupará más por Israel que por su propio país, la colonización judía en Cisjordania persistirá en su marcha de incesante ampliación, el proceso de paz quedará sepultado, y por último, la culpa de todo caerá sobre los palestinos.
Descartando el terrorismo que más que beneficiarlos, los perjudica, no se debe pasar por alto que los palestinos disponen de un artilugio muy efectivo: la palabra “No”, sin moverse del lugar. De esta manera el correr del tiempo sin avance significativo será el responsable de que la filosa espina que se denomina problema palestino se hinque aún más profundamente en la garganta del pueblo judío sin que la puedan tragar ni escupir. Solo continuarán sufriendo un permanente e insoportable malestar. Más aun, la ineludible necesidad de persistir en la posición de conquistador y opresor de población civil nativa sin derechos civiles básicos en Cisjordania, proseguirá socavando los valores fundamentales del judaísmo. La instauración de un Estado palestino independiente no es solo una aspiración de ese pueblo, fuera de preocuparse por la seguridad, también es un interés judío e israelí fundamental.
DANIEL KUPERVASER es licenciado de Economía por la Universidad Nacional de Rosario en Argentina. Es autor deIsrael se emborrachó y no de vino, prologado por Marcelo Cantelmi, Jefe de Exteriores delDiario Clarínde Argentina. Además, es autor del blogOjalá me equivoque. Sígalo en Twitter en @KupervaserD y en Facebook comoDaniel Kupervaser.
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Tras la fulminante victoria en la guerra de los Seis Días, Israel ha colonizado con 600.000 judíos asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este que la comunidad internacional no reconoce
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas volvió a dar un aldabonazo a Israel el pasado diciembre al negar legitimidad a los asentamientos judíos construidos desde hace 50 años en territorios palestinos ocupados tras la guerra de los Seis Días. Israel respondió poco después anunciando la construcción de más de 6.000 viviendas en colonias de Jerusalén Este y Cisjordania. En el territorio comprendido entre el río Jordán y la Línea Verde que fijaba fronteras en 1967 se han instalado unos 400.000 israelíes en 131 emplazamientos “autorizados” y en otros 97 declarados “ilegales” por el propio Gabinete, aunque la comunidad internacional no reconoce ninguno de esos asentamientos, independientemente de la calificación que les conceda el Estado hebreo. Otros 200.000 colonos residen en la parte oriental de la Ciudad Santa, que fue anexionada en 1980 por el Estado hebreo. En los últimos meses, EL PAÍS ha recorrido algunos de los enclaves israelíes en territorio ocupado.
En una oficina del cuartel de la brigada Benjamín del Ejército israelí, en Beit El, en la base militar próxima al puesto de control de acceso al norte de Ramala, un oficial de inteligencia intentaba explicar las causas de la ola de violencia que comenzó en octubre de 2015, en la que han muerto 43 israelíes, 257 palestinos –dos tercios de los cuales fueron abatidos por las fuerzas de seguridad al ser considerados atacantes– y 6 extranjeros. “El malestar social y económico y los problemas personales y familiares son las principales causas que empujan a jóvenes y adolescentes a empuñar un cuchillo, aunque sean conscientes de que pueden morir”, resume un comandante, cuyo nombre no puede ser citado por razones de seguridad, sin mencionar en ningún momento la ocupación israelí.
“Aquí no pasa nada más porque nuestros soldados están en todas partes”, puntualiza el teniente Nati Keres de la brigada Benjamín antes comenzar una patrulla por la carretera 60, la ruta que atraviesa Cisjordania de norte a sur. Desde la colina que divisa el Centro de Enlace y Coordinación militar de Beit El y el puesto de control hacia la ciudad palestina, este joven oficial asegura que su misión es mantener la estabilidad, independientemente de las decisiones políticas. Tras un breve recorrido en un todoterreno blindado dotado de un sistema informático y de comunicaciones –con pantallas que muestran las imágenes tomadas por las cámaras en la carretera–, el teniente se detiene en una de las entradas al pueblo palestino de Beitin. “Hemos tenido que cerrar este paso con bloques de cemento porque grupos de jóvenes apedreaban a las vehículos de los colonos”, detalla junto a una de las torres de vigilancia de cemento que jalonan el camino. Los soldados del pelotón que custodia el fortín no se han movido de su puesto en una semana, casi todos proceden de comunidades ortodoxas o de colonias judías. “No hay peligro ahora”, asegura desenvuelto el oficial israelí con el fusil en bandolera, “a pesar de que a veces nos vemos obligados a actuar fuera de muestra zona”.
Tras los Acuerdos de Oslo de 1993, la Autoridad Palestina mantiene en teoría el control exclusivo sobre la llamada área A –las grandes ciudades y su entorno–, que representa un 18% de Cisjordania. Las tropas israelíes siguen penetrando dentro de su perímetro por razones de seguridad. En otro 21% del territorio, los palestinos asumen la gestión civil mientras el Ejército se ocupa de vigilar la llamada área B, que incluye poblaciones menores y en la que no existen asentamientos. El restante 61%, el área C, se halla por completo en manos de Israel. Los mapas de Naciones Unidas se asemejan a un remedo de piel de leopardo en donde cerca de tres millones de palestinos se encuentran rodeados y aislados por miles de soldados. Las tropas protegen a unos 400.000 colonos que disponen de unos caudales de agua siete veces superiores y tienen a su servicio las principales carreteras.
El movimiento colono cuenta con importantes valedores políticos en el seno del Gobierno—tanto en el partido Likud (liderado por el primer ministro, Benjamín Netanyahu), como en la formación nacionalista religiosa Hogar Judío– ha presionado en favor de la expansión de los asentamientos y de la “legalización” de los outpost salvajes como Amona, que agrupan a unas 4.000 viviendas para colonos judíos en Cisjordania.
Este asentamiento salvaje estaba situado cerca de la colonia reconocida de Ofra (40 kilómetros al norte de Jerusalén), a los pies del monte Hazor, donde la tradición bíblica sitúa la entrega de la tierra hecha por Dios al pueblo judío en la figura de Abraham. El nacionalismo judío colono invoca abiertamente el origen divino de su vinculación histórica al territorio cisjordano —Judea y Samaria en su denominación bíblica— para reclamar su anexión. El Gobierno de Netanyahu, considerado el más derechista en la historia de Israel, alega razones de seguridad para seguir manteniendo el control sobre el territorio palestino ocupado, y en especial de la frontera en el valle del Jordán.
En el territorio comprendido entre el río Jordán y la Línea Verde se han instalado unos 400.000 israelíes. Otros 200.000 colonos residen en la parte oriental de la Ciudad Santa
Pero, dos décadas después de haberse instalado en lo alto de una colina batida por el viento, los colonos de Amona perdieron la batalla en el Tribunal Supremo israelí ante los propietarios palestinos originarios de los terrenos en los que se asienta. La ejecución final del desalojo de sus 42 familias, escenificada por más de 3.000 policías el pasado mes de febrero. se saldó con incidentes menores, en contraposición a la batalla campal que se había librado en ese mismo escenario en 2006, durante el desahucio parcial de varias viviendas de Amona.
“Esta es nuestra tierra. Ni la ONU ni nadie puede quitarnos lo que, según nuestras creencias, Dios nos ha dado”, aseguraba un portavoz de los colonos de Ofra durante una visita efectuada por EL PAÍS a la colonia. En 2016, después de ocho años de presiones de la Administración del presidente demócrata Barack Obama para frenar la expansión de los asentamientos, se construyeron 2.260 nuevas viviendas para colonos en Cisjordania, un 40% más que en el ejercicio anterior según la Oficina Central de Estadísticas de Israel, en uno de los mayores repuntes recientes.
La calidad de vida, sin el hacinamiento ni las aglomeraciones habituales en la superpoblada región central de Israel, junto con el sentimiento de pertenecer a una comunidad unida y homogénea, también cuentan para atraer a muchos colonos a Cisjordania, donde las viviendas tienen mayor superficie y cuestan hasta diez veces menos que las grandes ciudades israelíes.
Para intentar compensar a sus votantes en el movimiento colono por el desalojo de Amona, el Gobierno de Netanyahu aprobó, pese a la oposición del fiscal general de Israel, la primera norma de aplicación sobre territorio palestino en Cisjordania en medio siglo de ocupación. La llamada ley de regularización de los outpost recibió sucesivas condenas internacionales por suponer la expropiación de unas 800 hectáreas de terrenos particulares donde se han edificado viviendas para colonos sin ningún aval oficial.
Con la llamada regularización de estos asentamientos salvajes Israel se encamina hacia una anexión de hecho de territorios ocupados, en rumbo de colisión contra la Cuarta Convención de Ginebra: el derecho de guerra que ampara a la población civil bajo ocupación militar. En otro outpost situado al oeste de la colonia de Kfar Tapuah, en el norte de Cisjordania, los colonos tuvieron que derriba varias de sus edificaciones y trasladar de 19 caravanas que llevaban asentadas 19 años frente a los pueblos palestinos de Jamain y Zeitun por orden de la justicia israelí.
El Gobierno israelí no ha puesto aún en marcha los planes de expansión anunciados tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El presidente republicano ha pedido a Netanyahu que contenga el crecimiento de las colonias para dar una oportunidad a la iniciativa de paz que intenta promover. En contrapartida, el primer ministro israelí ha autorizado —por primera vez en dos décadas— la construcción de un asentamiento de nueva planta para realojar en Shilo, al norte de Ofra, a las familias expulsados de Amona.
International Organizationis a leading peer-reviewed journal that covers the entire field of international affairs. Subject areas include: foreign policies,…